El Blog de Aitta

Psicología de niños para padres

suicide

¿Y si mi hijo dice que se quiere suicidar?

Como profesional que trabajo con niños, muchas veces me preguntan por el contenido de mi trabajo. Hay padres a quien les resulta difícil ver que un niño pueda presentar problemas o, más bien, problemas graves.

Es cierto que la mayoría de casos que se ven en la práctica clínica (privada) no suele ser de una complejidad o gravedad excesivas. Se suele trabajar con niños que tienen problemas de aprendizaje, padres que quieren un apoyo para saber cómo gestionar rabietas o límites con sus hijos o niños que no se adaptan a su escuela, a sus amigos, tienen baja autoestima, etc.

Pero hay otra serie de casos, tal vez más invisibles que son de una gran complejidad y suponen enorme sufrimiento para aquellos niños que los están viviendo.

Y es que la depresión infantil existe, así como determinados trastornos que cursan con un nivel de ansiedad muy elevado. Recuerdo el caso de una mamá (en este caso amiga) que un día me escribió un mensaje más o menos así: “luego te quiero preguntar porque estoy angustiada que mi hijo varias veces ha dicho que se quiere suicidar y no sé si lo hace por llamar la atención o me tengo que preocupar” La madre llevaba un par de noches sin pegar ojo y no sabía muy bien si dar o no credibilidad al comentario.

Es cierto que cada caso es diferente y nunca se puede generalizar pero por la experiencia que da la clínica puedo afirmar que nunca se puede quitar valor a una afirmación de este tipo. Puede que un niño diga “me voy a suicidar” y no lo haga efectivo. Pero está claro que por dentro se siente tan mal, tan angustiado y tan desestructurado como para pensar que el suicidio puede ser una buena solución. Puede no tener un plan para conseguirlo, puede incluso querer llamar la atención de sus padres si piensa que no la obtiene de otra forma; aún así, decir que se quiere suicidar implicar que hay un sufrimiento interno elevado que resulta insoportable.

Así que, siempre, siempre se ha de investigar en estos casos para conocer cuál es la situación anímica del menor o cuáles son sus circunstancias vitales en ese momento. Puede que el familiar más cercano al niño no tenga el panorama completo de lo que está sucediendo. Puede ser un menor que se siente rechazado y ninguneado por sus iguales y eso solo lo observan desde la escuela; he visto casos de padres separados donde la estancia del niño con uno de los dos padres era mucho más opresiva, exigente o enloquecedora que la otra; casos en lo que el rechazo de uno de los padres hacia el hijo lo hacía sentirse tan prescindible que lo llevaba a un pensamiento suicida, sin que el otro miembro de la pareja fuera consciente de ello.

En todos los casos que comento (afortunadamente sin resultado fatal) la angustia del menor era tal que el solo hecho de pensar en el suicidio suponía una liberación al pensar que el sufrimiento puede tener un fin. La intervención se vuelve completamente necesaria para dotar al niño de algún recurso alternativo que no implique acabar con su propia vida para poner fin a la emoción.

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