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Recetas de lluvia y azúcar

Para terminar el año os traemos un precioso libro: Recetas de lluvia y azúcar. Se trata de un recetario…de emociones.  Las autoras, Eva y Mónica, ilustradoras y pintoras además de escritoras, recopilan una larga lista de emociones. Describen cada emoción y la acompañan de una receta necesaria para llegar a sentir esa emoción o para evitarla, según se trate de una emoción agradable o desagradable.

Las recetas fantasiosas son divertidas y aportan pistas sobre cómo afrontar el sentimiento de determinada emoción o cómo llegar a percibirla. Hay más…

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La caída de los dientes puede desatar miedos primitivos.

Muchos padres se extrañan cuando sus hijos les preguntan: ¿Papá, tú cuándo te vas a morir? o Tengo miedo de que te mueras. Siempre surge la duda de por qué, derepente y sin venir a cuento, el niño piensa que me muero: ¿habrá oído algo sobre la muerte en el colegio? ¿Algún papá de un compañero se habrá muerto?

Puede que sí, pero no siempre estas dudas surgen por algo externo que lo desencadena. En ocasiones el miedo a la muerte aparece por un sentimiento interno. Y es que, como especie, es lógico que tengamos miedo a la muerte. Eso nos ha ayudado a sobrevivir a lo largo de años y años de evolución.

Escrito en nuestro ADN, existe un miedo primitivo a la muerte.

Y no sólo a la muerte. También a la oscuridad o a los extraños. Hay más…

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Cuando tengo miedo

Ahora que empiezan las vacaciones para muchos y que los niños suelen cambiar de casa con frecuencia: que si unos días en casa de los abuelos, otros con papá y mamá, otros con los tíos y alguno en un campamento rodeado de gente nueva y desconocida, es frecuente que resurjan miedos que parecían ya superados.

El miedo es un sentimiento desagradable que hace a los niños sentirse débiles, vulnerables y con mayor necesidad de estar cerca de las figuras de apego. Este mes hemos decidio presentaros este libro que puede ayudar a los más pequeños a sentirse algo mejor ante estas situaciones.

Hay más…

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¿Sabías que los miedos pueden deberse al propio desarrollo?

Cuando trabajas con niños, es muy frecuente escuchar a los padres decir: “mi hijo nunca ha sido nada inseguro o miedoso y ahora de repente…”

Y es que los niños nunca hacen algo, hasta que de pronto un día lo hacen. Y es que tenemos que tener en cuenta que un niño está sometido a muchos cambios físicos, químicos, psicológicos y su comportamiento es mucho más voluble y variable que el de un adulto.

Los niños siguen un patrón de comportamiento poco estable en el tiempo.

Primero porque la referencia o “linea base” de la que partimos implica un periodo corto de tiempo. Así aunque nos dé la sensación de que lleva tooooda la vida comportándose de una determinada manera, eso puede suponer no más de 2, 3 o 4 años. Hay más…

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Espero un hermanito

 

Espero un hermanito. Delicioso libro que ayuda a los padres en ese temido momento de comunicar a los hijos la llegada de uno más a la familia. Lo cierto es que si los niños son menores de 4 o 5 años, lo más probable es que comunicarles de palabra que van a tener un hermanito no suponga nada para ellos.El cambio real llegará con la llegada a casa del nuevo integrante de la familia.

Pero, al márgen de que los niños no noten el cambio real, dar la noticia les ayuda a ir haciéndose a la idea. Así pueden ir asimilando y explicando los cambios que suceden a su alrededor: que mamá esté más cansada, que no les pueda coger tanto en brazos, que su tripa crezca, que les cambien de habitación o cama, que se saque de nuevo la cuna,etc. Hay más…

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¿Sabías que el llanto de los bebés es diferente si lo que sienten es dolor, miedo o enfado?

Una de las cosas que más angustian a los papás primerizos es saber por qué llora su hijo. Los niños, al nacer, no tienen prácticamente otra manera de comunicación que el llanto. Llorando expresan cualquier cosa que necesitan o sienten: hambre, sed, frío, miedo, dolor o enfado.

Los primeros meses de vida de un niño resultan agotadores para sus padres no solo por el esfuerzo físico que supone dormir poco o entrecortado sino también por el desgaste psicológico que implica estar continuamente elaborando teorías y tratando de adivinar el origen de la incomodidad del bebé.

Un estudio realizado en colaboración por investigadores de la Universidad de Murcia y de la UNED revela que existen ciertas diferencias sutiles en el lloro según cuál sea la causa del mismo.

Así cuando un niño llora por dolor parece que lo más probable es que mantenga sus ojos cerrados y su llanto se inicie de forma brusca.

Cuando lo que provoca el llanto es el miedo, los ojos están abiertos, escrutando y el inicio del llanto es brusco.

Por último, cuando el niño llora por enfado, los ojos se mantienen semiabiertos (herráticos o fijos) y el llanto va aumentando de manera progresiva.

En el mismo estudio se investigó la capacidad de los adultos en reconocer el origen del llanto. Parece que los padres no tienen demasiada facilidad para reconocer la emoción que provoca en llanto de sus hijos. Sin embargo, sin saber exactamente la causa cuando el llanto es provocado por dolor, la reacción afectiva que se produce en los padres es más intensa.

A medida que el bebé va creciendo, la mayoría de los padres dicen encontrar matices en el llanto y, en consecuencia, son capaces de dar una respuesta más adaptada.

 

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Mamá, eso me da susto

“Mamá, esto no me gusta”, “Ana me ha pegado”… Seguro que tanto si tenemos hijos como si no, hemos tenido que intervenir en alguna situación donde un niño pequeño se ponía a llorar porque sus padres no estaban o dos niños no tan pequeños se pegaban y no hemos sabido qué hacer.

Lo cierto es que los niños tienen emociones y, al contrario de los adultos, no saben ni quieren ocultarlas. Ni siquiera saben nombrarlas o manejarlas. Somos los adultos: padres o educadores los que tenemos que intervenir. Pero… ¿cómo? ¿Cómo educar las emociones? No es una pregunta trivial. De hecho, los adultos nos damos cuenta que el manejo de las emociones es una de las cosas que más nos afecta en nuestro día a día: no sabemos qué hacer con un jefe díscolo o cómo llevarnos mejor con los colegas del trabajo para no pasarlo mal y los problemas de pareja son una de las causas principales de malestar. Por debajo de todas estas situaciones están nuestro amplio abanico de emociones y cómo nosotros nos manejamos con ellas. Hay más…

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