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Psicología de niños para padres

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Los niños de padres separados y la sensación de peonza

Cuando un padre y una madre deciden separarse, las cosas empiezan a cambiar primero en su cabeza, luego en la pareja y, por último, en la familia. Esta secuencia que es lógica y natural no deja de sorprender en muchas ocasiones a los hijos que no siempre son conscientes de todo ese proceso.

El otro día en una sesión me decía un niño que se sentía como “una peonza”. Sus padres se habían separado y todos habían abandonado el hogar familiar. Padre y madre habían buscado casas provisionales mientras aclaraban su nueva situación personal y, transcurrido un tiempo, ambos se habían mudado a casas más definitivas. Esto suponía que el hijo había pasado por 4 casas en un periodo de dos años, con un pase intermedio por casa de los abuelos.

Otro chico me comentaba que desde que sus padres se habían separado, no tenía habitación en la nueva casa de su padre y, en ocasiones, sentía que estorbaba.

Un madre me decía que su niña con miedos y pesadillas nocturnas estaba llevando muy mal que ella tuviera nueva pareja. Desde que la nueva pareja duerme en casa, a la niña ya no se le permite dormir en la cama de su madre mientras que en los últimos 10 meses de convivencia de sus padres, todas las noches su madre la acompañaba a dormir y se quedaba con ella en la cama toda la noche.

Son solo tres ejemplos pero hay más. Claramente los niños en estas ocasiones van a remolque de las decisiones y cambios que se producen de forma rápida en las crisis de pareja. Muchas veces no puede ser de otra manera. Es lógico que unos padres no comuniquen la noticia de que se van a separar hasta que no sea una decisión firme. Pero esto crea un ligero desfase temporal en la mente del niño. Para él toda esa parte previa de indecisiones, cuestionamientos, idas y venidas de la pareja no ha sido evidente. Y, muchas veces en menos de un año, su vida cambia en varios aspectos. No sólo cambia la frecuencia con la que ven a sus progenitores sino que cambia la vivienda, la composición de la familia, las rutinas, sus lugares de referencia, etc.

No hay reglas que sirvan en cualquier situación, ni palabras mágicas que mitiguen el dolor o la incertidumbre pero sí es necesario que estos padres se armen de paciencia para afrontar no solo su propio caos emocional sino el de sus hijos que sufren en el proceso.

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