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Psicología de niños para padres

¿Emociones buenas y emociones malas?

¿Cómo definirías qué es una emoción? Parece un concepto fácil ¿verdad?, pero una vez te paras a reflexionarlo ya no lo es tanto. Lo que sí conocemos casi tod@s es la clasificación popular de las emociones en positivas o negativas, dándoles desde ahí un valor por la propia connotación de la palabra, es como si unas fueran las emociones buenas y otras las malas, y la verdad es que las emociones que consideramos como negativas son tan positivas como las propias emociones positivas, ya que, todas tienen una función adaptativa muy importante.

Las emociones se dividen por un lado en las emociones básicas, aquellas innatas con las que nacemos y son: el asco, el miedo, la tristeza, la rabia, la alegría y algunos autores incluyen la sorpresa, por otro lado están las emociones sociales que son las que vamos adquiriendo conforme vamos creciendo y son algo más complejas que las básicas, por ejemplo: los celos, la envidia, la impaciencia, la confusión, el anhelo, el antojo, la culpa, la vergüenza…

Las “emociones negativas” nos informan de que algo nos está haciendo daño, son una señal de que necesitamos un cambio, nos dicen que algo estamos haciendo mal. Quizás, una mejor clasificación podría ser de emociones agradables y desagradables, siendo ambas necesarias, ya que cuanto más desagradable mas atención debemos prestarle para poder responder ante ella.

Todas las emociones son necesarias porque tienen una función adaptativa, motivacional (nos energetizan hacia algo) y social (gracias a ellas podemos comunicarnos con el otro desde un lenguaje verbal o no verbal y desde ahí predecir su comportamiento para poder anticiparnos). Las funciones de las emociones básicas serian las siguientes:

  • Asco: Tiene que ver con el rechazo y con la realización de respuestas de evitación o escape, gracias a esto potenciamos los hábitos saludables.
  • Alegría: Tiene que ver con la afiliación, gracias a ella aparece el altruismo, la empatia, favorecemos las conexiones con los demás, la sensación de competencia, de disfrute, la flexibilidad mental y además aumenta el rendimiento cognitivo.
  • Miedo: Tiene que ver con la protección, facilita que el organismo actúe rápidamente ante un estimulo que considera peligroso, haciendo al igual que con el asco que se produzcan respuestas de evitación o escape.
  • Rabia: Tiene que ver con la autodefensa, no siempre tiene por qué conducir a la agresión. Nos ayuda a poner límites al otro y a defender nuestra integridad como personas, a veces esta emoción es tan difícil de sostener que hay personas que prefieren sentir tristeza o miedo.
  • Tristeza: Tiene que ver con asumir, cuando estamos bajo ella reducimos el ritmo de actividad, esto nos permite reflexionar y cambiar así las conductas que nos han llevado a este estado emocional, nos ayuda a ser capaces de reclamar ayuda, al igual que la alegría promueve que seamos más empáticos, la tristeza hace que el entorno sea mas empático con nosotros.
  • Sorpresa: Tiene que ver con la exploración, con el dejarse llevar, con estar abierto a la experiencia. Es una emoción de muy corta duración que suele ser la antesala de otras emociones.

Control emocional y gestión emocional no se refieren a lo mismo. El control implica supresión y la gestión regulación. A veces el control es necesario porque en ese momento no somos capaces de sostener la emoción que nos viene pero tarde o temprano tenemos que aceptar que debemos pasarla, ya que toda emoción tiene principio y fin. En la regulación sentimos la emoción pero somos capaces de regular su intensidad siendo así más adaptativa, pudiendo reconocer a la emoción y a qué factores han hecho que se produzca, por ejemplo una buena regulación de la ira sería la respuesta asertiva para marcarle los límites al otro. Desde el control emocional estamos distinguiendo entre las emociones buenas o positivas y las emociones malas o negativas, en cambio desde la gestión emocional nos movemos en el plano de las emociones agradables y desagradables.

Conforme voy siendo más capaz de regular mis emociones, escucharlas y saber qué significado tienen en ese momento para mi, más capaz voy a ser de adaptarme al entorno, relacionarme con los otros y conmigo mismo/a.

Por Alba Redondo

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