El Blog de Aitta

Psicología de niños para padres

El uso abusivo del Cannabis, cómo detectar su consumo y qué factores afectan en el inicio.

Muchos estudios recientes han confirmado que durante estas últimas décadas los problemas relacionados con el consumo de drogas (legales e ilegales) han ido aumentando de manera considerable en los países desarrollados. El tabaco, alcohol, cannabis y cocaína están generando problemas en la actualidad, sobre todo en los más jóvenes.  Sin embargo, el consumo de cualquier tipo de sustancia pasa por distintos ‘usos’ antes de convertirse en una adicción como tal. Por lo que es muy importante conocer los pasos previos que pueden ir dándose antes de llegar a la  adicción y detectar así posibles situaciones que pongan en riesgo a nuestros hijos o familiares.

La fase previa a la adicción se conoce como ‘uso abusivo’. Según Flynn, se define como un consumo recurrente y compulsivo de una sustancia química, que conlleva consecuencias negativas evidentes que dañan cualquier área de la vida o del desarrollo del individuo, como la salud, la familia, las relaciones sociales, el rendimiento escolar y/o laboral, problemas económicos, legales y del desarrollo de la persona, manteniéndose en el tiempo y necesitando una futura intervención clínica.

Y en el momento en el que el individuo ya busca y usa de forma compulsiva la droga a pesar de las consecuencias adversas (sociales e individuales, físicas y emocionales), ya se habría dado el paso a la adicción; siendo la característica común y central la pérdida de control. Es decir, una adicción se consideraría como un paso a un trastorno crónico y recurrente (Organización Mundial de la Salud).

Detección del consumo de  ‘CANNABIS SATIVA’

Con respecto al ‘Cannabis Sativa’ (Marihuana y hachís), es una droga  que produce unos efectos subjetivos en la persona y que varían mucho dependiendo de múltiples factores. Puede actuar como estimulante (a dosis altas) y como sedante (a dosis bajas).

Entre la sintomatología producida por el consumo ocasional y en cantidades pequeñas a corto plazo, puede observarse:

-Sensación de euforia y bienestar, relajación, excitación.

-Alteraciones en la memoria y pensamiento

-Crisis de pánico

-Paranoia

-Incremento del apetito

-Alteraciones perceptivas de sonidos, colores…

-Dilatación de las pupilas

Dentro de los efectos a medio/largo plazo por el uso abusivo del cannabis, encontramos:

-Apatía

-Incapacidad de planificación

-Empobrecimiento afectivo

-Falta de voluntad

-Bajo rendimiento escolar o laboral

-Abandono del propio cuidado personal

-Alteraciones psicomotoras (disminución de los reflejos…)

Y entre los efectos a largo plazo (consumo cronificado), encontramos los siguientes:

  • Afectación pulmonar (incremento del riesgo de cáncer).
  • Síndrome amotivacional (menos motivación y energía para hacer cosas).
  • Afectación de la concentración, memoria y habilidad de aprendizaje.
  • Lagunas al hablar.
  • Trastornos psiquiátricos.

Por todo ello, es muy importante que detectemos su consumo de manera temprana  e intervengamos cuando el consumo no haya producido efectos graves y permanentes. Conocer los efectos anteriores nos puede ayudar a detectarlo, al igual que conocer los factores de riesgo y de protección nos puede ayudar a prevenirlo.

Entre los factores de riesgo, encontramos:

–  Situarse entre los 13 y los 15 años. Existe un considerable aumento del consumo en este periodo, pudiendo ser ésta una etapa vulnerable para la iniciación. Desde la adolescencia, el consumo aumenta con la edad, aunque a partir de en torno a los 24 años, comienza a descender. Por tanto alcanza su punto máximo entre los 18 y los 24 años.

–  Ser hombre. Las diferencias en las prevalencias de uso de las distintas drogas entre hombres y mujeres han servido para configurar esta variable como de mayor riesgo.

–  Menor percepción del riesgo. Los adolescentes perciben menor riesgo para la salud en el consumo de drogas legales que en el de ilegales y el uso continuado de drogas como más perjudicial que el uso esporádico de sustancias.

–  No estar bien informado acerca del cannabis y sus consecuencias a largo plazo.

–  Fácil accesibilidad a las drogas.

–  Amistades consumidoras que inciten al consumo.

– Déficit en las capacidades de interacción social. Ver el consumo como un recurso que facilita las relaciones sociales, desinhibe y aumenta la capacidad de interacción con los iguales. Sin embargo, la realidad es que provoca una conducta antisocial y falta de asertividad.

–  Baja autoestima y autoconcepto.

–  Falta de autocontrol e impulsividad.

– Búsqueda de nuevas sensaciones. Rasgo de personalidad que se caracteriza por la necesidad de sensaciones y experiencias distintas, nuevas y el gusto por el riesgo físico y social.

–  Falta de conformidad con las normas sociales.

–  Baja tolerancia a la frustración.

–  Nivel educativo y socio-cultural bajo.

–  Relaciones familiares inestables. Factores como un mal vínculo afectivo, pobre comunicación, inconsistencia en la disciplina parental y nivel educativo son predictores de la posible iniciación en el consumo de drogas del hijo.

– Ausencia de normas familiares sobre el uso de drogas. Muy importante aquí la comunicación entre los progenitores.

Entre los factores protectores, encontramos:

–  Diversos estudios han demostrado que a partir de los 24 años, el riesgo de consumo desciende.

–  Ser mujer.

–  Alta percepción del riesgo. Si perciben que algo les va a acarrear consecuencias negativas no lo harán.

–  Estar bien informado acerca del cannabis y sus consecuencias perjudiciales para la salud.

–  Habilidades sociales. Tener recursos para establecer relaciones adecuadas y  adaptadas a la realidad, con asertividad, expresando las propias opiniones y  sentimientos.

–  Buena autoestima y autoconcepto.

–  Autocontrol.

–  Difícil accesibilidad a las drogas.

–  Conformidad con las normas sociales.

–  Tolerancia a la frustración.

–  Nivel educativo y socio-cultural alto.

–  Amistades no consumidoras, no incitadoras al consumo.

–  Algunas actitudes, creencias y valores actúan como factores de protección, como la religión, el grado de satisfacción personal respecto a la vida y las actitudes positivas hacia la salud, entre otras.

–  Relaciones familiares positivas. Relaciones basadas en un profundo vínculo afectivo entre padres e hijo correlacionan con una menor probabilidad de que la juventud presente problemas de conducta y de protección para el consumo de drogas en adolescentes.

–  La participación activa del joven en las decisiones familiares actúa también como factor de protección. Así por el contrario, se incrementa la probabilidad de conductas desadaptativas conforme lo hace el grado de discrepancia en la familia.

Además del conocimiento de todos estos datos, también es importante que para prevenir el consumo de cannabis, se aumente el conocimiento real  de los jóvenes sobre qué es una droga, sobre las consecuencias de consumirla y desmontar los mitos que se consideren como ciertos.

Por Celia Medrano

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