El Blog de Aitta

Psicología de niños para padres

El TDAH y los trastornos de conducta

Los trastornos de conducta o del comportamiento perturbador son aquellos en los que el niño o adolescente se muestra hostil, agresivo o desobediente llegando a veces a manifestar conductas distorsionadas, destructivas o antisociales. Estos síntomas y conductas aparecen en la interacción con las figuras de apego y también en el resto de ámbitos donde se mueve el menor: familia extensa o escuela.

Sin llegar a manifestar un “trastorno” es frecuente que muchos niños presenten síntomas de este tipo de manera aislada u ocasional: niños desobedientes, con muchas rabietas, con dificultades para tolerar la frustración.

En muchas ocasiones, los profesionales sanitarios no contemplan esta posibilidad a la hora de valorar a un niño con un posible TDAH. Como bien explica la neuropsicóloga Paloma Mendez parece que existe una tendencia a un sobrediagnóstico de TDAH en niños que únicamente presentan síntomas aislados de problemas conductuales. 

Y lo cierto es que muchas veces el diagnóstico de TDAH se realiza en base a la información de una única fuente (como pueden ser los padres) sin contrastar otras como la escuela o realizar pruebas neurológicas de ningún tipo. En muchas ocasiones no se valora el vínculo familiar existente o las circunstancias del menor que pueden estar generando en él niveles elevados de ansiedad que se manifiestan mediante inquietud motora, irritabilidad o estados de alerta permanente.

Lo que observamos en la práctica clínica con frecuencia es que, al margen de la etiqueta diagnóstica, en muchos niños hay dificultades de apego por parte de los cuidadores y también unas prácticas poco adecuadas de gestión de las situaciones conflictivas en el hogar.

Muchos de estos padres necesitan volver a aprender cómo manejar determinadas situaciones y cómo situarse frente al desafío que supone la crianza en una sociedad poco adaptada a los ritmos de los menores. Cada vez se les exige más esfuerzo y más resultados que se compensan de forma material pero no con aquello que probablemente les hace más falta de sus padres: tiempo y juego.

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