El Blog de Aitta

Psicología de niños para padres

El Autismo: ¿en qué consiste?

Por Virginia Miramón.

Junto con el síndrome de Down y, en los últimos tiempos, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el autismo parece ser uno de los trastornos más conocidos a nivel social, pero ¿sabemos realmente en qué consiste?

Descrito por primera vez por Leo Kanner en 1943, el autismo es un trastorno cualitativo del desarrollo, resultando éste disarmónico, que incluye entre sus síntomas fundamentales una triada de alteraciones:

  • Dificultades de relación social.
  • Problemas de comunicación y lenguaje.
  • Inflexibilidad mental y comportamental, esto es: tendencia a presentar conductas estereotípicas y repetitivas, con dificultad para adaptarse a los cambios e intereses limitados.

Su diagnóstico se encuadra dentro de una categoría denominada “Trastornos Generalizados del Desarrollo” o, según una terminología más reciente, “Trastornos del Espectro Autista” (TEA), junto a otras afecciones como el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

Se asocia en un 75 % de los casos al retraso mental y en un 25 % a otras manifestaciones neurológicas como la epilepsia y es más común en los varones que en las niñas, aunque éstas suelen estar más severamente afectadas.

¿Cómo se comporta un niño autista?

Considerando las características individuales de cada uno y el amplio abanico de formas que puede presentar la sintomatología de este trastorno, durante los primeros nueve meses de vida los niños autistas suelen desarrollarse con aparente normalidad. Entre los 10 y 18 meses, se observa en ellos cierta pasividad y ausencia de comunicación intencionada y de gestos determinados culturalmente (hola, adiós,…). Es a partir de los 18 meses cuando hay una manifestación clara del trastorno: no emerge el lenguaje.

Los niños autistas presentan importantes retrasos en la adquisición del lenguaje e, incluso, en bastantes casos, esta adquisición no llega a efectuarse y es necesario recurrir al uso de sistemas alternativos y aumentativos de comunicación (tableros de comunicación, sistemas de pictogramas, método PECS…).

Es común observar en estos niños un uso limitado de la mirada, siendo habitual la evitación del contacto ocular, y la falta de respuesta y de atención al lenguaje de los demás: no responden a su nombre, no sonríen ni muestran receptividad social,…

Suelen ser emocionalmente inexpresivos y tienen dificultad para compartir emociones, para interpretar lo que las otras personas están pensando o sintiendo porque no pueden comprender pautas sociales como las expresiones faciales o el tono de voz. Carecen de empatía y ello les impide, entre otros aspectos, iniciar el juego simbólico y la atención compartida, lo que condiciona en gran medida el uso social del lenguaje (en ocasiones estereotípico, repetitivo o inusual). Les cuesta o no saben jugar interactuando con otros niños.

Muchos de ellos se involucran en movimientos repetitivos, como mecerse o dar vueltas, introduciéndose en su propio mundo y aislándose de los demás. También pueden aparecer conductas autolesivas como morderse o golpearse la cabeza, especialmente aquellos casos que presentan una mayor afectación.

Muestran una adherencia inflexible a rutinas o rituales específicos (como ir al colegio siempre por el mismo camino) y pueden estallar en escandalosas rabietas cuando éstos se rompen dada su dificultad para anticipar acontecimientos, lo que genera en ellos una gran ansiedad.

Finalmente, también son características comunes la hipersensibilidad al ruido y la tendencia a evitar el contacto físico, que les llevan a reaccionar desproporcionadamente ante un ruido imprevisto, cuando alguien les toca de forma inesperada o, incluso, al rechazo a determinadas texturas en la ropa de vestir y en algunos alimentos.

¿Cómo se trata el autismo?

Es necesario considerar que cuanto antes se establezca el diagnóstico y se inicie el tratamiento, tanto mejor (hoy en día se está diagnosticando el autismo en niños a partir de los dos años de edad) y que el plan de tratamiento ideal es aquel que combina distintas terapias e intervenciones (conductual, psicomotriz, logopédica,…) que cubren las necesidades específicas de cada niño en particular.

En último término, cabe señalar que el asesoramiento a padres y hermanos por parte de profesionales cualificados ayuda en gran medida a las familias a enfrentar los desafíos cotidianos de vivir con un niño autista.

4 comentarios

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