El Blog de Aitta

Psicología de niños para padres

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El amor entre padres e hijos: ¿qué es el apego?

La relación que se establece entre los hijos y las personas encargadas de su cuidado es un vínculo afectivo muy especial. Se trata de una relación necesaria para los niños (casi podríamos decir que esencial para su supervivencia) que marcará el carácter del niño y el tipo de relaciones que establezca con el resto de personas emocionalmente significativas durante toda su vida.

A este vínculo afectivo y a la forma de comportarse que se deriva de él es a lo que se llama apego. Mediante las conductas de apego, el niño consigue o mantiene su cercanía a otra persona considerada como más sabia y fuerte y así asegura su supervivencia. La forma concreta en la que el niño consigue la proximidad de la figura de apego depende de su edad, de si es niño o niña y de las circunstancias que le rodeen. Lo más habitual es que la figura de apego sea la madre del niño aunque puede ser también el padre, los abuelos o cualquier persona que pase una cantidad de tiempo considerable con el niño y se encargue de su cuidado y protección. De hecho, no hay una única figura de apego, aunque sí una de preferencia.

¿Cómo y cuándo se muestra este vínculo?

Cuando vemos a un niño que busca la mirada de su madre para ver si está cerca o atenta a lo que él hace, le coge de la mano cuando se acerca algún extraño o llora cuando ve que se aleja, está poniendo en práctica las conductas de apego. Así la madre, le mira y tranquiliza con su atención, le protege de los extraños o regresa pronto sin irse muy lejos cuando su niño llora. Esto es lo que consigue el apego: que el niño esté cuidado y protegido. El vínculo afectivo se desarrolla especialmente durante los primeros nueve meses de vida y es a partir de esta edad cuando las conductas de apego se muestran con fuerza. A partir de ahí, estas demostraciones de apego se van atenuando hasta que en la adolescencia las figuras paternas son sustituidas por los amigos. Más tarde, los amigos serán sustituidos por la pareja como figura de apego principal. Este vínculo afectivo que asegura la supervivencia de los niños no desaparece sino que se transforma y modula a lo largo de la vida y nos acompaña hasta el final de nuestros días.

¿Qué tipos de apego se pueden dar?

Los padres se relacionan de formas muy diferentes con sus hijos y tiene estilos educativos variados. Así lo que más influye en el desarrollo del apego son dos variables: que los padres comprendan la necesidad de sus hijos de tener una base de seguridad y confianza (y su capacidad para proporcionársela) y la libertad con la que permiten que sus niños exploren su entorno.

De esta manera podemos decir que existen tres tipos de apego:

– Apego seguro: los padres son conscientes de las necesidades afectivas de sus hijos y están dispuestos a responder a sus necesidades de cariño. Y, al mismo tiempo, dejan que sus niños se desenvuelvan solos ante aquellos retos para los que están preparados. Estos son niños que se mueven con naturalidad en las relaciones sociales pero que, ante circunstancias nuevas e inesperadas buscan el apoyo de sus padres y se refugian en ellos.

– Apego inseguro/ambivalente: probablemente los padres son conscientes de la necesidad de sus hijos pero o no son capaces de proporcionarles la seguridad que necesitan o les da miedo dejarles explorar por ellos mismo y tratan de sobreprotegerlos. Estos niños suelen ser bastante retraídos y tímidos, miedosos y no se atreven a iniciar ciertas conductas sin la atenta supervisión de sus padres que, por lo general, son insustituibles.

– Apego inseguro/evitativo: los padres no son conscientes de las necesidades afectivas de sus niños y les dejan solos ante retos que no saben afrontar por sí solos. Los niños con este tipo de apego parecen afectivamente muy despegados pero internamente llegan a desarrollar mucha ira o miedo, que resuelven por lo general evitando las relaciones afectivas. Con los padres suelen mostrarse a ratos enfadados y agresivos, a ratos indiferentes.

¿Qué pasa si no se desarrollo un vínculo seguro?

El vínculo afectivo que un niño establece con sus figuras de apego, no sólo marca el comportamiento que tendrá como bebé o niño sino su personalidad y el tipo de relaciones personales que establezca como adulto.

Un apego seguro potencia niños confiados, capaces de ayudarse a sí mismos pero también de pedir ayuda cuando así los necesitan, que no tienen miedo a las relaciones y que disfrutan de los vínculos emocionales con otros.

El apego inseguro, por lo general, se ve en niños tímidos, ansiosos, que les cuesta relacionarse y confiar en los demás pero que cuando consiguen crear un vínculo dependen en exceso del mismo.

Un apego ambivalente es el que podemos ver en aquellos niños desinhibidos, que no tienen en cuenta las emociones de los demás y que resultan excesivamente independientes o despegados.

¿Cómo asegurar un buen vínculo?

Lo mejor es ser conscientes de esta necesidad afectiva, no interpretarla como “chantaje” o manipulación emocional por parte de los niños. Hay que tener bien presente lo indefenso que se puede sentir un niño y nunca hacer caso omiso a sus necesidades de cariño. Igualmente debemos tener en cuenta que para su adecuado desarrollo, lo más apropiado es que sea él mismo quien aprenda a desenvolverse ante las circunstancias que le rodean y a descubrir y explorar sus capacidades. Sin embargo, no debemos dejar que se enfrente solo ante nuevos retos. Está bien que les acompañemos y les proporcionemos el apoyo necesario pero deben ser ellos los que actúen. Esto se puede aplicar tanto a cuestiones de autonomía y aseo personal -que aprendan a ponerse y quitarse la ropa, a comer solo- como al juego y desarrollo motor -jugar con él y dejar que sea él quien haga las construcciones y las torres, proporcionarle un espacio para moverse, arrastrarse y caminar pero que sea él solo quien se siente o camine-.

3 comentarios

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